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miércoles 19 agosto 2026

CUANDO ENCUENTRES A UN GRUPO DE CICLISTAS EN LA CARRETERA, NO VEAS BICICLETAS… VE SUEÑOS

julio 12, 2026

Hay escenas que se repiten cada fin de semana y que pocas veces nos detenemos a mirar con el corazón.

Todavía no sale el sol y, mientras la mayoría de las personas sigue descansando, un grupo de ciclistas ya está en la carretera. El frío de la mañana cala en el rostro, el viento parece empujarlos hacia atrás y el camino por recorrer supera, muchas veces, los cien kilómetros.

Nadie los obligó a levantarse tan temprano.

Lo hacen porque aman lo que hacen.

Cada pedalazo es una lección de disciplina. Cada subida es una batalla contra el cansancio. Cada kilómetro recorrido es una victoria sobre uno mismo.

En ese pelotón no solo hay deportistas.

Van mujeres que demuestran que el coraje no tiene género. Van muchachos de apenas 15 años que cambiaron las fiestas, la comodidad o el teléfono celular por un sueño que exige sacrificios. Van hombres y mujeres que entrenan durante meses para representar con orgullo a su municipio, a su estado o a México. Van padres que enseñan a sus hijos que las metas se alcanzan con esfuerzo y no con excusas.

Pero, sobre todo, van seres humanos.

Y todos tienen algo que nunca debe olvidarse.

Al final de la ruta, alguien los espera.

Una madre que reza para que regresen con bien.

Un padre que siente orgullo al verlos luchar por sus sueños.

Un esposo, una esposa, un hijo o una hija que esperan escuchar la puerta abrirse para volver a abrazarlos.

Por eso, cuando usted conduce por una carretera y encuentra un grupo de ciclistas, recuerde que no está frente a un obstáculo.

Está frente a vidas.

Bajar la velocidad no le hará llegar mucho más tarde.

Esperar unos segundos para rebasar no cambiará su destino.

Guardar una distancia prudente puede cambiar, para siempre, el destino de una familia.

La prisa dura unos minutos.

El dolor de una pérdida dura toda la vida.

Si alguna vez decide tocar el claxon, que no sea para intimidar, presionar o demostrar impaciencia.

Hágalo para saludar.

Para reconocer el enorme esfuerzo de quienes llevan horas pedaleando.

Para decirles, sin palabras: «Sigan adelante. Gracias por poner en alto el nombre de nuestra tierra y por inspirar a otros a elegir el deporte, la salud y la disciplina.»

Los ciclistas no buscan privilegios.

Solo quieren volver a casa.

Quieren terminar el entrenamiento, compartir el desayuno con sus compañeros, abrazar a su familia y volver a salir la próxima semana para perseguir otro sueño.

La carretera también es suya.

Compartirla con respeto es un acto de educación, pero hacerlo con empatía es un acto de humanidad.

La próxima vez que vea un pelotón acercarse, no piense que está perdiendo unos segundos de su viaje.

Piense que, con un poco de paciencia, usted puede ayudar a que decenas de personas regresen sanas y salvas con quienes más las aman.

Porque sobre cada bicicleta no solo viaja un deportista.

Viajan los sueños de un niño.

La fortaleza de una mujer.

El orgullo de una familia.

La esperanza de representar algún día a México.

Y, sobre todo, viaja una vida que vale exactamente lo mismo que la suya.

Respetar a un ciclista no es únicamente cumplir el reglamento.

Es reconocer que todos compartimos el mismo camino.

Y que el mayor triunfo no es llegar primero.

El mayor triunfo es que todos lleguemos a casa.