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lunes 05 octubre 2026

HAY OCASIONES EN QUE EL CICLISMO DUELE, Y DUELO MUCHO

agosto 23, 2026

Hay imágenes que no necesitan explicación. La de Said Cisneros, derrumbado al cruzar la meta, con el rostro cubierto de lágrimas y la frustración de haber perdido el triunfo cuando lo tenía tan cerca, es una de ellas.

El joven ciclista había dejado todo sobre la carretera. Y cuando terminó la carrera, cuando ya no quedaban fuerzas para seguir pedaleando ni posibilidad de cambiar el resultado, apareció el dolor. Un dolor que quienes observamos desde afuera apenas podemos imaginar.

Pocos pueden saber qué significa entrenar durante meses para llegar a ese momento, levantarse cada día pensando en una meta, sufrir en cada subida, soportar el cansancio, aceptar los sacrificios y, finalmente, tener la victoria al alcance de las manos para verla desaparecer en los últimos metros.

El ciclismo tiene esa crueldad.

No siempre gana el que más sufrió. No siempre llega primero quien más lo deseó. A veces una carrera de cientos de kilómetros termina reducida a unos cuantos segundos; a un movimiento; a una rueda que aparece antes que la propia.

Y entonces llega el llanto.

Pero esas lágrimas no son solamente por haber perdido.

También lloran el esfuerzo, las madrugadas, los kilómetros, las ilusiones, las veces que alguien creyó en él y todas las veces que él mismo decidió creer que podía hacerlo.

Cuando un atleta se derrumba después de haberlo entregado todo, estamos viendo quizá la parte más auténtica del deporte. La que no aparece en las fotografías del podio ni en las estadísticas. La que no cabe en una clasificación.

Said Cisneros lloró porque le dolió perder.

Y ese dolor habla también de cuánto deseaba ganar.

La bicicleta no sabe de lágrimas. La carretera tampoco. El cronómetro no tiene compasión.

Pero quienes miramos sí podemos entender.

Porque detrás de ese joven que se queda sentado junto a la meta no hay solamente un ciclista derrotado.

Hay un muchacho que acaba de descubrir, de la manera más dura, que a veces la gloria puede estar a un pedal de distancia y aun así escaparse.

Y quizá mañana vuelva a montar su bicicleta.

Volverá a pedalear.

Volverá a intentarlo.

Porque en el ciclismo, como en la vida, hay derrotas que primero nos hacen llorar y después nos enseñan a volver.