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miércoles 07 octubre 2026

DEL TORO REGALA A MÉXICO UN 16 DE SEPTIEMBRE SOBRE DOS RUEDAS

septiembre 14, 2026

Montreal amaneció con la dureza de una montaña, con el frío de septiembre y con el mundo del ciclismo mirando hacia Canadá. Pero al final de 214 kilómetros, cuando la carretera dejó de ser una batalla y se convirtió en una línea de llegada, hubo un nombre que volvió a sonar con fuerza en todos los rincones de México: Isaac del Toro.

El joven mexicano no solamente ganó el Gran Premio Ciclista de Montreal. Ganó algo que no aparece en ninguna clasificación: la emoción de un país que encontró, unos días antes de celebrar su Independencia, un motivo más para levantar la mirada, apretar los puños y sentirse orgulloso.

Del Toro cruzó la meta después de una jornada brutal, de esas que no se ganan solamente con piernas. Se ganan con cabeza, con paciencia, con carácter y con esa capacidad especial para esperar el momento exacto cuando todos los demás comienzan a pagar la factura del esfuerzo.

Y el momento llegó en la última vuelta.

La carrera se había convertido en una selección natural. Los favoritos habían quedado expuestos y cada repecho parecía tener la intención de arrancar de las piernas cualquier esperanza. En ese escenario apareció Del Toro, acompañado por el francés Paul Seixas, otro de los grandes talentos de la nueva generación.

Dos jóvenes. Dos bicicletas. Una montaña. Y una meta.

La subida final a Mont Royal fue el escenario de un duelo que parecía escrito para una película. Seixas intentó abrir la puerta, pero el mexicano no permitió que se escapara la victoria. Del Toro cerró el espacio, respiró, esperó y guardó lo que todavía tenía.

Porque las grandes victorias también se saben esperar.

En los últimos metros, Montreal dejó de ser Canadá y se convirtió, por unos segundos, en territorio mexicano.

Del Toro lanzó el sprint y encontró en sus piernas todo lo que había guardado durante horas. Seixas resistió, pero el mexicano tenía una respuesta más.

Y entonces ocurrió.

Isaac del Toro cruzó primero.

El mexicano levantó los brazos y, detrás de él, quedó una carrera que confirmó algo que ya empieza a ser imposible ignorar: Del Toro no es una promesa. Del Toro ya es una realidad del ciclismo mundial.

El triunfo adquiere todavía mayor significado por el momento en que llega. México se prepara para celebrar su 16 de septiembre y, como si hubiera querido adelantarse a la fiesta patria, Del Toro puso una victoria internacional sobre la mesa para todos los mexicanos.

No hubo desfile militar, pero hubo pelotón.

No hubo campanas, pero hubo bicicletas.

No hubo una plaza llena, pero hubo millones de mexicanos mirando desde lejos.

Y en lugar de una bandera ondeando en el centro de una celebración, hubo un joven de 22 años levantando los brazos sobre una bicicleta, con el nombre de México detrás de su camiseta.

Del Toro también derrotó a la adversidad de unos días antes. En Quebec había terminado lejos de los protagonistas, en el lugar 55, mientras Remco Evenepoel se llevaba la victoria. Montreal fue otra historia.

El mexicano cambió el guion.

Y vaya manera de hacerlo.

La victoria sobre Seixas y el tercer lugar de Brandon McNulty, compañero de Del Toro en UAE Team Emirates-XRG, confirmaron además el dominio del equipo emiratí en una carrera que se ha convertido en uno de los grandes escenarios del calendario internacional.

Pero esta vez la historia no pertenece al equipo.

Pertenece a Isaac.

Pertenece a México.

Porque mientras el país prepara banderas, reuniones familiares, música, pozole y noches de celebración, un mexicano decidió ponerle su propio sello a las fiestas patrias.

Lo hizo a su manera.

Con casco.

Con bicicleta.

Con las piernas ardiendo.

Con el corazón acelerado.

Y con los brazos en alto.

Del Toro acaba de regalarle a México un 16 de septiembre adelantado.

Y quizá lo más emocionante no sea solamente que haya ganado en Montreal.

Lo verdaderamente emocionante es pensar que, dentro de muy poco, volverá a recorrer esas mismas carreteras para disputar el Campeonato Mundial.

Esta vez no será solamente una carrera.

Será una batalla por el arcoíris.

Y después de lo ocurrido hoy, nadie podrá mirar a Isaac del Toro de la misma manera.

México ya tiene una razón para soñar.

Y el sueño pedalea con el número de Isaac del Toro.